2 Corintios 1-4
2 Cor 1,3 Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús, nuestro Señor, Padre lleno de ternura, Dios del que viene todo consuelo.
Bendito, bendito, mil veces seas bendito, Padre Bueno y Dios nuestro, por lo tierno que eres, da ganas de hablar bien de Ti, porque en ti no hay nada que pueda decirse que es defectuoso, malo, perverso, la palabra “BENDITO” a ti es el único que vale la pena decirlo, bendito es hablar bien de Ti, porque en ti mi alma se recrea, encuentra paz, consuelo, conformidad y bienestar.
Cómo desearíamos que al mirarnos en Ti, nuestros rostros, te reflejaran, tal cual nos hiciste, y nos muestra lo mejor que tenemos. No es como el espejo de la pared, que solo me muestra lo externo, el rostro, el semblante, la expresión del cuerpo, si me miro con mis ojos todo sigue girando, eternamente en torno a mí mismo. (Yo, me, mí, conmigo…)
Si miro bien, con la mirada de Dios descubro quién soy.
Pero no es fácil aprender a verme con tu ternura. Vería, seguramente, algo distinto. Vería alguien muy amado. Vería posibilidades. Un proyecto, una misión, confiaría más.
Disfrutaría de lo que me has regalado (en lugar de temer perderlo). Celebraría toda mi vida con más libertad. Disfrutaría de las cosas pequeñas sin complicarlo todo. Adquiriría perspectiva para ver también alrededor. Tendría menos miedos.
2 Corintio 1, 4 que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios.
Quizás también vería las tribulaciones, como oportunidad y llamada. Así que, Señor, muéstramelo. ¿Qué ves cuando me miras?
Cuando me miras en las tribulaciones, ¿qué te ofrezco. Qué bonito es ser, ese cáliz de salvación que se ofrece así mismo y por lo demás; y repetir contigo «Tomen, esto es mi Cuerpo». Y «Esta es mi Sangre,
Cuando sienta el dolor físico, el dolor de estar postrada en cama sin moverme por la enfermedad, cuando sienta la pérdida de un ser querido, de un hijo alcohólico, drogadicto, rebelde, mujeriego, que bueno Padre que me mandaste a tu Hijo predilecto, para que me enseñara aceptar nuestra humanidad aceptar las consecuencias de nuestra caída y sufrir, Tú Jesús, elevaste el sufrimiento, lo transformaste, le diste poder, y entendiste que el dolor de cada ser humano es como el tuyo. Tanto así, que cuando alivio el dolor de mi hermano, o me compadezco de él, Tú, Jesús lo consideras como si te lo hicieran a ti mismo.
Dios no quiere que sufra, así como nunca quiso el pecado, pero desde que lo hicieron y yo heredara la debilidad que brotó de aquel pecado, sufro, y siempre tendré que hacerlo.
Estas son reflexiones de Madre Angélica: religiosa de EWTN
Él descendió desde
Cargó, sobre sí mis pecados para que no pecara más.
Cargó, sobre sí, mis debilidades para que obtenga la gracia de superarlas.
Cargó, sobre sí, mi dolor para que pudiera coger sus manos con las mías.
Cargó, sobre sí, mi humillación para yo pudiera ser elevada hasta su Trono.
Cargó, sobre sí, la ridiculización y el insulto para que pueda mantenerme de pie en la persecución.
Cargó, sobre sí, la pérdida de sus amigos en las horas de necesidad para que nunca estuviera solo en las mías.
Y luego…
Se mantuvo solo, abandonado por Dios y por los hombres, para que nunca me sintiera desolado ni rechazado.
Ahora es “nuestra” Cruz: suya y mía.
Ahora existe una razón detrás de cada lágrima, cada dolor, cada desconsuelo.
Desde ahora
Ya no es más un signo de venganza sino un signo de Amor.
Ya no destruye sino que renueva y reconfigura.
Ya no oprime mi espíritu sino que lo vacía para que pueda ser llenado de Dios.
Porque…
Cada desconsuelo vacía mi alma de mí mismo y la llena de Él.
Cada lágrima lava mi alma y la hace más hermosa ante sus ojos.
Cada decepción fortalece mi voluntad para que se adhiera solo a Él.
Cada día de ansiedades me hace buscar su apoyo.
Cada hora de tensión me hace buscar serenidad a su lado.
Cada dolor es añadido a los que sufrió en
Cada duda me hace buscar
Cada separación me hace tomar conciencia de las cosas esenciales.
Cada vez que mi amor es rechazado puedo sentir como se siente Él cuando lo ignoran.
Cada vez que soy tratado injustamente, sé cuáles son y fueron sus sentimientos cuando fue llamado un demonio.
Cada vez que el orgullo, los celos, o la ambición se apoderan de mi, puedo ver su Corona de Espinas.
Madre llena de Ternura, ayúdanos a dar Vida-Amor, en esas horas difíciles que nos ha tocado vivir, como Tú, esperando siempre en el Papá que nunca nos abandona.
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